Power to the people: más democracia participativa
Jueves, junio 9th, 2011La política no se salva de todos los cambios que estamos viviendo en el mundo. Todo va muy rápido: la tecnología, el consumo, el trabajo, la sociedad, la comunicación, las familias, las relaciones, las ciudades... Y aunque la percepción de los ciudadanos hacia los políticos está en horas bajas, la política sigue estando vigente. No hay más que ver los diferentes asociaciones vecinales muy activas, partidos políticos de independientes y movimientos de ciudadanos indignados.
¿Como hemos llegado a este punto? Los partidos políticos en España, esos partidos de los que habla el Artículo 6 de la Constitución Española, ya no son vistos como un instrumento práctico para manifestar la voluntad popular. Los ciudadanos ven que sus posibilidades de opinar y de que su voluntad sea aceptada, se reducen a un único día de votación y que su activismo se ve relegado a los intereses de las formaciones políticas.
Por eso, poco a poco, cada vez son más personas las que piden ir pasando de la democracia que tenemos actualmente a otro modelo que les permita participar más.
La democracia actual es representativa, pero el descontento del pueblo viene porque cada vez se parece más a un despotismo (salvando las distancia de la monarquía absoluta, por una monarquía parlamentaria con una casta de políticos). Por eso la ciudadanía demanda con insistencia una democracia participativa o una democracia deliberativa.
Pero estos cambios vienen de lejos; no es nuevo: miembros de la Escuela de Frankfurt ya apoyaron este modelo hace tiempo. Pero ahora es cuando más se ven gracias a Internet y las redes sociales. Ya hay incluso gobiernos que se lo toman en serio y aplican el Open Government, como la sección de propuestas ciudadanas de Irekia.
Pero los partidos políticos, no. En general rehuyen de la acracia de los blogueros y de Facebook y de las alternativas que proponen las asociaciones vecinales... Un partido de los que se considera fuertes, con un aparato político férreo, con un líder que acaudilla a los suyos, ha garantizado históricamente la continuación de ejecutivas e incluso gobiernos (si se estaba en el poder), pero también ha perpetuado castas y fundado linajes de nuevas alcurnias endogámicas.
El partido político que no sea capaz de entender estos cambios (el de la petición popular + el de las redes sociales) y modificar su funcionamiento, nadará a contracorriente y acabará agotado. En ese momento sus militantes, sus coaligados y sus votantes ya no querrán mantener prietas las filas. Los ciudadanos cansados y/o indignados abandonarán al partido.
Muchos partidos ya llevan ya una temporada nadando a contracorriente. Y el agotamiento se nota más en los de izquierdas.


